¿Hasta qué punto el hombre pierde su libertad o incluso su autonomía en una
sociedad de la cual forma parte pasiva? Las sociedades actuales, en este
incipiente siglo XXI, son complejos entramados estructurales, cimentados por
ideologías contradictorias y la eterna lucha de la razón contra el instinto. A
veces lo superficial, lo obvio es lo más engañoso, y lo realmente complicado. Pudes estar atrapado en una invisible red y no darte cuenta.
Desde la aparición de los primeros filósofos occidentales en la antigua Grecia, enuncio a
los griegos por mera historiografía, pues de sus antecesores poco o nada se
conoce, el hombre comenzó a preguntarse cuál era su papel en la sociedad, qué
leyes guiaban a esta y en qué medida una sociedad era más justa que otra.
Pero las sociedades con el tiempo se complejizan, se ramifican, se extiende
y debido a este cambio infraestructural las
corrientes teóricas pierden vigencia, aunque no valía. Los conceptos se
derrumban ante los cambios circunstanciales y surgen nuevas interpretaciones
acordes con los tiempos y los nuevos pensadores, podría decirse que es pura
dialéctica hegeliana.
En este texto realizaré un recuento a modo de análisis sobre una de las
tendencias de pensamiento sociológico más importante del siglo XX, la teoría
crítica, más conocida como Escuela de Frankfurt, en su primera generación. La
heterogeneidad académica de sus integrantes permitió mostrar agudas
interpretaciones sobre el funcionamiento de la sociedad capitalista de mediados
del siglo XX.
A pesar de las críticas actuales a varias interpretaciones de esa primera
generación, entre ellas las de Habermas, principal personalidad de la
segunda generación de esa escuela, el espíritu crítico, como principal
metodología de los estudios, resulta de vital importancia para el trabajo de la
sociología actual, según sostiene varios investigadores que más tarde citaré.
Un poco
de historia
El contexto histórico del surgimiento de la Escuela de Frankfurt se sitúa
en el período intermedio entre las dos guerras mundiales, el fallido intento de
revolución proletaria en Alemania y el triunfo del comunismo bajo la dirección
de Lenin en Rusia, desvaneciendo las predicciones de Marx, quien veía ese
cambio en una sociedad más industrializada.
Los intelectuales de izquierda se encontraron ante una contradicción, si
producir pensamiento desligado de partidos políticos para así reorganizar una
perspectiva más objetiva de la situación, o unirse a un partido con el
consabido peligro de perder la perspectiva de sus ideas. Los iniciadores de la
Escuela de Frankfurt ligaron ambos, no tenían militancia política pero no
renunciaron a ejercer la teoría con fines de práctica política para la
transformación social.
Felix Weil, economista alemán nacido en Argentina, es fundador y
financiador del Instituto de Investigación Social de Frankfurt. Apoyado
económicamente por su padre logró crear un centro de estudios con un
funcionamiento diferente al de las universidades alemanas que según sus alertas
impulsaban estudios que solo conseguían reforzar el orden social imperante (Curutchet 1989). Además otra de sus intenciones era la
independencia económica para realizar las investigaciones y asegurar así una
real significación social de los trabajos intelectuales, realizando una
oposición a los estudios administrativos que se desarrollan por ese tiempo.
Las siguientes
palabras de Marx Horkheimer muestran la importancia del Instituto : “Institut
für Sozialforschung, fundación creada y mantenida en vida por Felix
Weil, sin la cual no sólo nuestros estudios sino también buena parte del
trabajo teórico continuado a pesar de Hitler por los alemanes emigrados no
hubieran sido posible.”
Según Curutchet (1989), en 1923 se constituye el
Instituto, pero no es hasta 1924 que inician las investigaciones de la Escuela
de Frankfurt. Los primeros estudios eran marcadamente empíricos e inductivos, tendencias
que no encontraron aceptación en los más jóvenes como el futuro presidente del
instituto Mark Horkheimer, quienes apostaron más tarde por la implementación de
la teoría crítica como metodología en oposición a la teoría tradicional, siendo
ese el punto de inflexión que le otorgaría la relevancia a la Escuela de
Frankfurt.
Cabe destacar uno de los aportes de Grumberg, primer presidente de la
institución, expresar que los resultados aspirados por el instituto no
reclamaban “validez en el tiempo y el espacio sino tenían un significado
relativo, históricamente condicionado”, (Curutchet 1989)
que las leyes marxistas no eran dogmáticas.
Al triunfar el nazismo en Alemania, la Escuela de
Frankfurt cierra sus puertas y sus principales representantes emigran primero a
París y luego a los Estados Unidos, finalmente en el Instituto de Investigación
Social de Nueva York (Wolf n.d, pp. 46 ).
En 1950 la Escuela de Frankfurt reinicia los estudios siguiendo la perspectiva
que la caracterizó siempre, acompañar la crítica a las investigaciones
culturales y de la ciencia, para impulsar una nueva organización racional de la
sociedad.
Fuentes
de la teoría crítica y estado de las ciencias sociales de la época
Varios autores señalan el marxismo como la principal
fuente teórica de los integrantes de la Escuela de Frankfurt,
nombrándolos neomarxistas , aunque es destacable la influencia de pensadores
como Nietzsche, Schopenhauer y Freud.
Horkheimer expuso que el marxismo no buscaba proponer verdades inmutables, sino impulsar
el desarrollo social. Y es esta la perspectiva que seguirán los pensadores
frankfurtianos, todos sus estudios irán guiados con el afán de exponer los
problemas de la sociedad capitalista moderna.
“El método marxista de interpretación de
la historia se ve modificado por instrumentos tomados de la filosofía de la
cultura, de la ética, de la psicosociología y de la psicología de las
profundidades. El proyecto consiste en unir a Marx y a Freud.” (Mattelart, n.d)
Es destacable que a finales del siglo XIX la
negación y la crítica, el dialogo entre las distintos estudios generacionales o
contemporáneos, se había prácticamente extinguido y es precisamente la escuela
de Frankfurt una de las rehabilitadoras de esa tendencia, proponiendo un
contrapunteo con las diferentes corrientes de pensamiento. (Curutchet
1989)
En lo que respecta a las ciencias sociales imperantes
en la época se destacan ciertas matrices que la teoría crítica utiliza de
contrapartida para sus estudios, estas son el positivismo lógico del círculo de Viena,
la corriente empírica desarrollada en norteamericana y la teoría
tradicional que de igual modo mantiene
relación con el positivismo.
Bajo el dominio
de Napoleón la filosofía muestra sumisión al régimen imperante, un ejemplo
es la escuela de Comte, iniciador de la
corriente positivista, el cual detuvo la “sucesión de los inflexibles enciclopedistas
y tendió la mano a todo aquello contra lo cual habían combatido. Las
metamorfosis de la crítica en aprobación no dejan inmune ni siquiera el
contenido teórico, cuya verdad se volatiliza.” (HORKHEIMER; M.
& ADORNO, T. W. n.d)
La corriente
positivista experimenta sucesivas reinterpretaciones a principios del siglo XX,
cuando un grupo de filósofos interesados
en la evolución de la ciencia moderna rechazó las tradicionales ideas
positivistas, resaltando la importancia de la comprobación científica y del
empleo de la lógica formal. De las teorías de estos pensadores como el
austriaco Ludwig Wittgenstein y los británicos Bertrand Russell y George Edward
Moore
(Microsoft Corporation, 2009)
nació el denominado positivismo lógico.
Los impulsores de la teoría crítica
exponen que las ciencias sociales que se reducen solo a técnicas de análisis
comprobatorios usando métodos científicos, “se niega la posibilidad de verdad”,
ignorando de ese modo las interacciones sociales (Wolf n.d, pp. 47). Mediante la deducción me atrevo a
decir que Horkheimer, rechazaba en todo análisis completo de la sociedad y sus
procesos, métodos que limitasen los resultados a ser estrictamente comprobados
por números o sistemas preestablecidos.
Según Castro-Gomez (n.d) Horkheimer expresa que la separación radical entre el
sujeto y el objeto del conocimiento limita a la teoría a ser una actividad
únicamente cognoscitiva, y al pensador a ser un agente pasivo que no se adentra
más allá de exponer las cosas tal y como son, a ese tipo de teoría Horkheimer
la llama teoría tradicional, donde no se descubre un nexo dialéctico entre
sujeto y objeto, entre el hombre y la sociedad. A ese tipo de teoría se opone
la iniciada en la Escuela de Frankfurt con el propio Horkheimer, la teoría
crítica, donde se reconoce la relación de la realidad con el hombre como
consecuencia de la praxis social. “La tarea
fundamental de la teoría crítica es reflexionar sobre las estructuras desde las
que, tanto la realidad social como las teorías que buscan dar cuenta de ella,
son construidas, incluyendo, por supuesto, a la misma teoría crítica”.
Teoría crítica
vs empirismo norteamericano
En el exilio
en Estados Unidos, Theodor Adorno, musicólogo y filósofo integrante de
la Escuela de Frankfurt acepta la invitación de Paul Lazarsfeld, una de las
principales figuras de los estudios empíricos norteamericanos, de realizar una
investigación sobre los
efectos culturales de los programas musicales de la radio.
Lazarsfeld
pretendía unir la teoría europea con el método empírico desarrollado por él, y
de ese modo revitalizar los estudios norteamericanos de los media. La
investigación fue financiada por la Fundación Rockefeller, poniendo de antemano el marcado carácter de la
investigación administrativa que dejaba en claro los reales interés económicos
y no sociales. (Mattelart, n.d) Las bases estructurales del estudio eran contradictorias a la
implementación de la teoría crítica, por lo que finalmente Adorno abandona el
proyecto, negándose a enmarcar la investigación a los cuestionarios de los
patrocinadores que no permitían analizar las consecuencias culturales,
sociales, sicológicas y económica de ese sistema.
“La teoría crítica es el auto conocimiento del ser
humano en el presente. La teoría crítica no solo representa otro tipo de
ciencia sino que también otro tipo de filosofía científica. A la teoría crítica
no le interesa saber lo que el individuo es de por si prescindiendo de su
contexto histórico-social.” (Jokisch,
2001)
Industria
cultural e individuo en la sociedad capitalista moderna
La mayor parte de los estudios sobre lo
que Horkheimer y Adorno denominan industria cultural en su libro Dialéctica de
la Ilustración, se desarrollan en el exilio en los Estados Unidos, donde los
autores analizan los procesos culturales y su relación con el desarrollo
tecnológico experimentado por esa sociedad capitalista, aunque Mattelart & Piemme (n.d) expresan que “el verdadero objeto de los análisis de Horkheimer y Adorno no es la
industria cultural sino su producto supuesto: la cultura de masas”, y este es
un planteamiento aclaratorio pero no revelador pero pues el término cultura de masas, Horkheimer
lo sustituye en sus obras por el de industria cultural para no dar lugar a
interpretaciones erróneas de que se estaba refiriendo a una cultura propia del
pueblo. (Wolf, n.d)
Para entender la interpretación de
Horkheimer y Adorno sobre industria cultural es necesario leer el primer
capítulo de su libro Dialéctica del iluminismo, intitulado Concepto de
Iluminismo, donde los teóricos hacen un análisis del proceso autodestructivo de
la razón en las sociedades luego del desarrollo tecnológico como fundamento del
Iluminismo y la pérdida de la libertad del individuo, como punto contradictorio
al ser la libertad una de las principales búsquedas del Iluminismo.
“El aumento de la producción económica que engendra
por un lado las condiciones para un mundo más justo, procura por otro lado al
aparato técnico y a los grupos sociales que disponen de él una inmensa
superioridad sobre el resto de la población. El individuo se ve reducido a cero
frente a las potencias económicas.” (HORKHEIMER; M. & ADORNO, T. W. n.d)
La unión
establecida entre tecnología, cultura, poder y economía es la base del análisis
de Horkheimer, descubriendo todo un sistema que se encamina fundamentalmente a
reforzar el sistema social y económico imperante.
“En
nuestros días, la racionalidad técnica es la racionalidad de la dominación
misma. Es el carácter coercitivo de la sociedad alienada: los autos, las bombas
y los filmes aseguran la cohesión del sistema hasta que su función niveladora
repercute sobre la misma injusticia que ella ha favorecido. Por el momento la
tecnología de la industria cultural solo ha desembocado en la standarización y
en la producción en serie, sacrificando de esta manera todo aquello que hacía
la diferencia entre la lógica de la obra y la del sistema social” (HORKHEIMER; M. & ADORNO, T. W. n.d)
Atendiendo a
este análisis de Horkheimer, la cultura, y dentro de ella los medios de
comunicación de masas como el cine o la radio, han quedado relegados a ser un
instrumento de control de las masas. El poder tecnológico que ha alcanzado la
humanidad, ha relegado a la cultura a la pura tecnificación de su expresión.
De ser tal el
fenómeno el individuo sufre necesariamente una especie de enajenación que lo
desarma de capacidades críticas. “En la
era de la industria cultural el individuo ya no decide autónomamente: el
conflicto entre impulsos y conciencia se resuelve con la adhesión acrítica a
los valores impuestos.” (Wolf n.d, pp. 48)
Los hombres
creen escapar de su tiempo de trabajo al ocuparse en actividades de ocio, pero
es tal el sistema creado que las actividades de ocio se emplean en reproducir
las actividades laborales, los mass media cierran el círculo de dominación. El
individuo cree poseer control sobre esos medios pero el propio individuo como
consumidor se convierte en objeto. (Wolf n.d, pp. 49)
Hay que hacer un
alto en la comprensión del análisis de Horkheimer y Adorno. Mauro Wolf se
limita en su libro ha realizar una recapitulación de las principales ideas de
los intelectuales frankfurtianos pero sin acompañarlo de un diálogo crítico.
¿Por qué
industria cultural y no industrias culturales? Es la pregunta que se hacen dos
autores franceses sobre el trabajo de Horkheimer. Mattelart
& Piemme (n.d) se refieren a que Horkheimer generaliza un fenómeno
global de mercantilización de la cultura, en todo el sentido de la misma, sin
salvar elementos que no incurran en este marcado caracter mercantil. De este modo
volvemos al inicio, y a lo que realmente se refiere Horkheimer es a la cultura
de masas.
« La nebulosa universal de la
estandarización impedía apreciar cuál era exactamente la partitura que cada
realidad nacional interpretaba en el gran concierto de los media” (Mattelart
& Piemme n.d), según la
visión de estos autores no se deben sacar del contexto global o social cada
aspecto de análisis, pero sí de tener una referencia real para su
pormenorización. Es decir que Hollywood sea una industria con abiertos fines
comerciales, no desacredita al cine de ser una forma artística de expresíon
social.
“Parece que ellos no pudieron sino percibir un aspecto –ciertamente
fundamental- de la conjunción entre arte y tecnología, pero que una concepción
en cierta forma sobrevalorizada del arte como fermento revolucionario, les ha
impedido percibir otros aspectos de esta conjunción.” (Mattelart & Piemme, n.d)
La intención de
Armand Mattelart y Jean Marie Piemme no es dejar de reconocer la amenaza
de estandarización que corren las industrias culturales, como el cine o la
radio, ante los intereses de rentabilidad económica y de control ideológico, sino
de señalar el concepto sacralizado que tienen esos pensadores de la Escuela de
Frankfurt sobre el arte.
Principales
críticas a la teoría crítica y herencia del pensamiento frankfurtiano
Varias son las críticas al pensamiento de la primera
genercación de la Escuela de Frankfurt y su teorío crítica. Entre ellas,
proveniente de uno de los más importantes pensadores de esta escuela Jurguen Habermas (Jokisch,
2001). Habermas analiza las bases
teóricas de los primeros frankfurtianos y señala un marcado economicismo en los
trabajos de Marx y Engels, donde existe una limitación del ámbito social al
proceso de trabajo.
Otra de las más relevantes críticas es la hecha por
Niklas Luhmann, filósofo alemán, autor de la teoría de los sistemas, quien expone que en algunas áreas de teoría
social y filosofía política, la teoría crítica es deficiente para captar los
problemas de las sociedades actuales.
Rodrigo Jokish no está de acuerdo con que la teoría
crítica tenga un carácter museal, pues el expone que desligando la metodología
crítica de su contexto histórico, se puede realizar un análisis de nuestras
sociedades actuales.
Como Jokish,
varios intelectuales latinoamericanos encuentran en la teoría crítica una metodología
y un referente para reinterpretar las situaciones especiales de sus contextos
sociales, ejemplo de esto, lo refiere Jesús Martín Barbero, al decir que la
reflexión crítica latinoamericana encuentra en los teóricos de Frankfurt una
implicación directa, encontrando en el análisis de Horkheimer sobre industria
cultural, un punto de partida y un marco teórico de relevante importancia.
Bibliografía
Castro-Gomez,
S., n.d. Teoría tradiconal y teoria critica de la cultura.
Corporation,
M., 2009. Microsoft Encarta, s.l.: s.n.
Curutchet, J. C., 1989. La imaginación
dialéctica Historia de la Escuela de Frankfurt y el Instituto de Investigación
Social. Tercera ed. Madrid: Taurus.
Horkheimer, H &
Adorno, Theodor n.d, Dialéctica del Iluminismo
<http://www.philosophia.cl / Escuela de Filosofia Universidad Arcis
Jokisch, R.,
2001. La escuela de Frankfurt y la "teoría crítica", Ciudad de
México: UNAM.
Mattelart,
A., n.d. Historia de las teorías de la Comunicación. s.l.:s.n.
Mattelart,
A. & Piemme, J. M., n.d. Industria(s) Cultural(es) Génesis de una idea, s.l.:
s.n.
Wolf, M.,
n.d. La investigación de la comunicación de masas. La Habana: Pablo de
la Torriente Brau.

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