jueves, 10 de enero de 2013

La teoría crítica y ese monstruo llamado sociedad



Por Alejandro Madorrán Durán, estudiante de Periodismo

¿Hasta qué punto el hombre pierde su libertad o incluso su autonomía en una sociedad de la cual forma parte pasiva? Las sociedades actuales, en este incipiente siglo XXI, son complejos entramados estructurales, cimentados por ideologías contradictorias y la eterna lucha de la razón contra el instinto. A veces lo superficial, lo obvio es lo más engañoso, y lo realmente complicado. Pudes estar atrapado en una invisible red y no darte cuenta.


Desde la aparición de los primeros filósofos  occidentales en la antigua Grecia, enuncio a los griegos por mera historiografía, pues de sus antecesores poco o nada se conoce, el hombre comenzó a preguntarse cuál era su papel en la sociedad, qué leyes guiaban a esta y en qué medida una sociedad era más justa que otra.

Pero las sociedades con el tiempo se complejizan, se ramifican, se extiende y debido a este cambio infraestructural  las corrientes teóricas pierden vigencia, aunque no valía. Los conceptos se derrumban ante los cambios circunstanciales y surgen nuevas interpretaciones acordes con los tiempos y los nuevos pensadores, podría decirse que es pura dialéctica hegeliana.

En este texto realizaré un recuento a modo de análisis sobre una de las tendencias de pensamiento sociológico más importante del siglo XX, la teoría crítica, más conocida como Escuela de Frankfurt, en su primera generación. La heterogeneidad académica de sus integrantes permitió mostrar agudas interpretaciones sobre el funcionamiento de la sociedad capitalista de mediados del siglo XX.

A pesar de las críticas actuales a varias interpretaciones de esa primera generación,  entre ellas  las de Habermas, principal personalidad de la segunda generación de esa escuela, el espíritu crítico, como principal metodología de los estudios, resulta de vital importancia para el trabajo de la sociología actual, según sostiene varios investigadores que más tarde citaré.

Un poco de historia
El contexto histórico del surgimiento de la Escuela de Frankfurt se sitúa en el período intermedio entre las dos guerras mundiales, el fallido intento de revolución proletaria en Alemania y el triunfo del comunismo bajo la dirección de Lenin en Rusia, desvaneciendo las predicciones de Marx, quien veía ese cambio en una sociedad más industrializada. 
Los intelectuales de izquierda se encontraron ante una contradicción, si producir pensamiento desligado de partidos políticos para así reorganizar una perspectiva más objetiva de la situación, o unirse a un partido con el consabido peligro de perder la perspectiva de sus ideas. Los iniciadores de la Escuela de Frankfurt ligaron ambos, no tenían militancia política pero no renunciaron a ejercer la teoría con fines de práctica política para la transformación social. 
Felix Weil, economista alemán nacido en Argentina, es fundador y financiador del Instituto de Investigación Social de Frankfurt. Apoyado económicamente por su padre logró crear un centro de estudios con un funcionamiento diferente al de las universidades alemanas que según sus alertas impulsaban estudios que solo conseguían reforzar el orden social imperante (Curutchet 1989).  Además otra de sus intenciones era la independencia económica para realizar las investigaciones y asegurar así una real significación social de los trabajos intelectuales, realizando una oposición a los estudios administrativos que se desarrollan por ese tiempo.
Las siguientes palabras de Marx Horkheimer muestran la importancia del Instituto : “Institut für Sozialforschung, fundación creada y mantenida en vida por Felix Weil, sin la cual no sólo nuestros estudios sino también buena parte del trabajo teórico continuado a pesar de Hitler por los alemanes emigrados no hubieran sido posible.”

Según Curutchet  (1989), en 1923 se constituye el Instituto, pero no es hasta 1924 que inician las investigaciones de la Escuela de Frankfurt. Los primeros estudios eran marcadamente empíricos e inductivos, tendencias que no encontraron aceptación en los más jóvenes como el futuro presidente del instituto Mark Horkheimer, quienes apostaron más tarde por la implementación de la teoría crítica como metodología en oposición a la teoría tradicional, siendo ese el punto de inflexión que le otorgaría la relevancia a la Escuela de Frankfurt.
Cabe destacar uno de los aportes  de Grumberg, primer presidente de la institución, expresar que los resultados aspirados por el instituto no reclamaban “validez en el tiempo y el espacio sino tenían un significado relativo, históricamente condicionado”, (Curutchet 1989) que las leyes marxistas no eran dogmáticas.
Al triunfar el nazismo en Alemania, la Escuela de Frankfurt cierra sus puertas y sus principales representantes emigran primero a París y luego a los Estados Unidos,  finalmente en el Instituto de Investigación Social de Nueva York (Wolf n.d, pp. 46 ). En 1950 la Escuela de Frankfurt reinicia los estudios siguiendo la perspectiva que la caracterizó siempre, acompañar la crítica a las investigaciones culturales y de la ciencia, para impulsar una nueva organización racional de la sociedad.  
Fuentes de la teoría crítica y  estado de las ciencias sociales de la época

Varios autores señalan el marxismo como la principal fuente teórica de los integrantes de la Escuela de Frankfurt, nombrándolos neomarxistas , aunque es destacable la influencia de pensadores como Nietzsche, Schopenhauer y Freud.
Horkheimer expuso que el marxismo no buscaba  proponer verdades inmutables, sino impulsar el desarrollo social. Y es esta la perspectiva que seguirán los pensadores frankfurtianos, todos sus estudios irán guiados con el afán de exponer los problemas de la sociedad capitalista moderna.
“El método marxista de interpretación de la historia se ve modificado por instrumentos tomados de la filosofía de la cultura, de la ética, de la psicosociología y de la psicología de las profundidades. El proyecto consiste en unir a Marx y a Freud.”  (Mattelart, n.d)

Es destacable que a finales del siglo XIX la negación y la crítica, el dialogo entre las distintos estudios generacionales o contemporáneos, se había prácticamente extinguido y es precisamente la escuela de Frankfurt una de las rehabilitadoras de esa tendencia, proponiendo un contrapunteo con las diferentes corrientes de pensamiento.  (Curutchet 1989)    
En lo que respecta a las ciencias sociales imperantes en la época se destacan ciertas matrices que la teoría crítica utiliza de contrapartida para sus estudios, estas son el positivismo lógico del círculo de Viena, la corriente empírica desarrollada en norteamericana y la teoría tradicional  que de igual modo mantiene relación con el positivismo.
Bajo el dominio de Napoleón la filosofía muestra sumisión al régimen imperante, un ejemplo es  la escuela de Comte, iniciador de la corriente positivista, el cual detuvo la “sucesión de los inflexibles enciclopedistas y tendió la mano a todo aquello contra lo cual habían combatido. Las metamorfosis de la crítica en aprobación no dejan inmune ni siquiera el contenido teórico, cuya verdad se volatiliza.” (HORKHEIMER; M. & ADORNO, T. W. n.d)

La corriente positivista experimenta sucesivas reinterpretaciones a principios del siglo XX, cuando un grupo de filósofos interesados en la evolución de la ciencia moderna rechazó las tradicionales ideas positivistas, resaltando la importancia de la comprobación científica y del empleo de la lógica formal. De las teorías de estos pensadores como el austriaco Ludwig Wittgenstein y los británicos Bertrand Russell y George Edward Moore (Microsoft Corporation, 2009) nació el denominado positivismo lógico.

Los impulsores de la teoría crítica exponen que las ciencias sociales que se reducen solo a técnicas de análisis comprobatorios usando métodos científicos, “se niega la posibilidad de verdad”, ignorando de ese modo las interacciones sociales  (Wolf n.d, pp. 47). Mediante la deducción me atrevo a decir que Horkheimer, rechazaba en todo análisis completo de la sociedad y sus procesos, métodos que limitasen los resultados a ser estrictamente comprobados por números o sistemas preestablecidos.

Según Castro-Gomez (n.d) Horkheimer expresa que la separación radical entre el sujeto y el objeto del conocimiento limita a la teoría a ser una actividad únicamente cognoscitiva, y al pensador a ser un agente pasivo que no se adentra más allá de exponer las cosas tal y como son, a ese tipo de teoría Horkheimer la llama teoría tradicional, donde no se descubre un nexo dialéctico entre sujeto y objeto, entre el hombre y la sociedad. A ese tipo de teoría se opone la iniciada en la Escuela de Frankfurt con el propio Horkheimer, la teoría crítica, donde se reconoce la relación de la realidad con el hombre como consecuencia de la praxis social. “La  tarea fundamental de la teoría crítica es reflexionar sobre las estructuras desde las que, tanto la realidad social como las teorías que buscan dar cuenta de ella, son construidas, incluyendo, por supuesto, a la misma teoría crítica”.

Teoría crítica vs empirismo norteamericano
En el exilio  en Estados Unidos, Theodor Adorno, musicólogo y filósofo integrante de la Escuela de Frankfurt acepta la invitación de Paul Lazarsfeld, una de las principales figuras de los estudios empíricos norteamericanos, de realizar una investigación sobre los efectos culturales de los programas musicales de la radio.
Lazarsfeld pretendía unir la teoría europea con el método empírico desarrollado por él, y de ese modo revitalizar los estudios norteamericanos de los media. La investigación fue financiada por la Fundación Rockefeller, poniendo de antemano el marcado carácter de la investigación administrativa que dejaba en claro los reales interés económicos y no sociales. (Mattelart, n.d) Las bases estructurales del estudio eran contradictorias a la implementación de la teoría crítica, por lo que finalmente Adorno abandona el proyecto, negándose a enmarcar la investigación a los cuestionarios de los patrocinadores que no permitían analizar las consecuencias culturales, sociales, sicológicas y económica de ese sistema.  

“La teoría crítica es el auto conocimiento del ser humano en el presente. La teoría crítica no solo representa otro tipo de ciencia sino que también otro tipo de filosofía científica. A la teoría crítica no le interesa saber lo que el individuo es de por si prescindiendo de su contexto histórico-social.” (Jokisch, 2001)
Industria cultural e individuo en la sociedad capitalista moderna

La mayor parte de los estudios sobre lo que Horkheimer y Adorno denominan industria cultural en su libro Dialéctica de la Ilustración, se desarrollan en el exilio en los Estados Unidos, donde los autores analizan los procesos culturales y su relación con el desarrollo tecnológico experimentado por esa sociedad capitalista, aunque  Mattelart & Piemme (n.d) expresan que “el verdadero objeto de los análisis de Horkheimer y Adorno no es la industria cultural sino su producto supuesto: la cultura de masas”, y este es un planteamiento aclaratorio pero no revelador pero  pues el término cultura de masas, Horkheimer lo sustituye en sus obras por el de industria cultural para no dar lugar a interpretaciones erróneas de que se estaba refiriendo a una cultura propia del pueblo.  (Wolf, n.d)

Para entender la interpretación de Horkheimer y Adorno sobre industria cultural es necesario leer el primer capítulo de su libro Dialéctica del iluminismo, intitulado Concepto de Iluminismo, donde los teóricos hacen un análisis del proceso autodestructivo de la razón en las sociedades luego del desarrollo tecnológico como fundamento del Iluminismo y la pérdida de la libertad del individuo, como punto contradictorio al ser la libertad una de las principales búsquedas del Iluminismo.

“El aumento de la producción económica que engendra por un lado las condiciones para un mundo más justo, procura por otro lado al aparato técnico y a los grupos sociales que disponen de él una inmensa superioridad sobre el resto de la población. El individuo se ve reducido a cero frente a las potencias económicas.” (HORKHEIMER; M. & ADORNO, T. W. n.d)

La unión establecida entre tecnología, cultura, poder y economía es la base del análisis de Horkheimer, descubriendo todo un sistema que se encamina fundamentalmente a reforzar el sistema social y económico imperante.

“En nuestros días, la racionalidad técnica es la racionalidad de la dominación misma. Es el carácter coercitivo de la sociedad alienada: los autos, las bombas y los filmes aseguran la cohesión del sistema hasta que su función niveladora repercute sobre la misma injusticia que ella ha favorecido. Por el momento la tecnología de la industria cultural solo ha desembocado en la standarización y en la producción en serie, sacrificando de esta manera todo aquello que hacía la diferencia entre la lógica de la obra y la del sistema social” (HORKHEIMER; M. & ADORNO, T. W. n.d)

Atendiendo a este análisis de Horkheimer, la cultura, y dentro de ella los medios de comunicación de masas como el cine o la radio, han quedado relegados a ser un instrumento de control de las masas. El poder tecnológico que ha alcanzado la humanidad, ha relegado a la cultura a la pura tecnificación de su expresión.

De ser tal el fenómeno el individuo sufre necesariamente una especie de enajenación que lo desarma de capacidades críticas.  “En la era de la industria cultural el individuo ya no decide autónomamente: el conflicto entre impulsos y conciencia se resuelve con la adhesión acrítica a los valores impuestos.”  (Wolf n.d, pp. 48)

Los hombres creen escapar de su tiempo de trabajo al ocuparse en actividades de ocio, pero es tal el sistema creado que las actividades de ocio se emplean en reproducir las actividades laborales, los mass media cierran el círculo de dominación. El individuo cree poseer control sobre esos medios pero el propio individuo como consumidor se convierte en objeto.  (Wolf n.d, pp. 49)

Hay que hacer un alto en la comprensión del análisis de Horkheimer y Adorno. Mauro Wolf se limita en su libro ha realizar una recapitulación de las principales ideas de los intelectuales frankfurtianos pero sin acompañarlo de un diálogo crítico.

¿Por qué industria cultural y no industrias culturales? Es la pregunta que se hacen dos autores franceses sobre el trabajo de Horkheimer. Mattelart & Piemme (n.d) se refieren a que Horkheimer generaliza un fenómeno global de mercantilización de la cultura, en todo el sentido de la misma, sin salvar elementos que no incurran en este marcado caracter mercantil. De este modo volvemos al inicio, y a lo que realmente se refiere Horkheimer es a la cultura de masas.

« La nebulosa universal de la estandarización impedía apreciar cuál era exactamente la partitura que cada realidad nacional interpretaba en el gran concierto de los media” (Mattelart & Piemme n.d), según la visión de estos autores no se deben sacar del contexto global o social cada aspecto de análisis, pero sí de tener una referencia real para su pormenorización. Es decir que Hollywood sea una industria con abiertos fines comerciales, no desacredita al cine de ser una forma artística de expresíon social.
 “Parece que ellos no pudieron sino percibir un aspecto –ciertamente fundamental- de la conjunción entre arte y tecnología, pero que una concepción en cierta forma sobrevalorizada del arte como fermento revolucionario, les ha impedido percibir otros aspectos de esta conjunción.”  (Mattelart & Piemme, n.d)
La intención de Armand Mattelart y Jean Marie Piemme no es dejar de reconocer la amenaza de estandarización que corren las industrias culturales, como el cine o la radio, ante los intereses de rentabilidad económica y de control ideológico, sino de señalar el concepto sacralizado que tienen esos pensadores de la Escuela de Frankfurt sobre el arte.
 Principales críticas a la teoría crítica y herencia del pensamiento frankfurtiano
Varias son las críticas al pensamiento de la primera genercación de la Escuela de Frankfurt y su teorío crítica. Entre ellas, proveniente de uno de los más importantes pensadores de esta escuela  Jurguen Habermas (Jokisch, 2001).  Habermas analiza las bases teóricas de los primeros frankfurtianos y señala un marcado economicismo en los trabajos de Marx y Engels, donde existe una limitación del ámbito social al proceso de trabajo. 
Otra de las más relevantes críticas es la hecha por Niklas Luhmann, filósofo alemán, autor de la teoría de los sistemas,  quien expone que en algunas áreas de teoría social y filosofía política, la teoría crítica es deficiente para captar los problemas de las sociedades actuales.
Rodrigo Jokish no está de acuerdo con que la teoría crítica tenga un carácter museal, pues el expone que desligando la metodología crítica de su contexto histórico, se puede realizar un análisis de nuestras sociedades actuales.
Como Jokish, varios intelectuales latinoamericanos encuentran en la teoría crítica una metodología y un referente para reinterpretar las situaciones especiales de sus contextos sociales, ejemplo de esto, lo refiere Jesús Martín Barbero, al decir que la reflexión crítica latinoamericana encuentra en los teóricos de Frankfurt una implicación directa, encontrando en el análisis de Horkheimer sobre industria cultural, un punto de partida y un marco teórico de relevante importancia.


Bibliografía

Castro-Gomez, S., n.d. Teoría tradiconal y teoria critica de la cultura.
Corporation, M., 2009. Microsoft Encarta, s.l.: s.n.
Curutchet, J. C., 1989. La imaginación dialéctica Historia de la Escuela de Frankfurt y el Instituto de Investigación Social. Tercera ed. Madrid: Taurus.
Horkheimer, H & Adorno, Theodor n.d, Dialéctica del Iluminismo  <http://www.philosophia.cl / Escuela de Filosofia Universidad Arcis
Jokisch, R., 2001. La escuela de Frankfurt y la "teoría crítica", Ciudad de México: UNAM.
Mattelart, A., n.d. Historia de las teorías de la Comunicación. s.l.:s.n.
Mattelart, A. & Piemme, J. M., n.d. Industria(s) Cultural(es) Génesis de una idea, s.l.: s.n.
Wolf, M., n.d. La investigación de la comunicación de masas. La Habana: Pablo de la Torriente Brau.


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