jueves, 26 de diciembre de 2013

Desmitificación de la neutralidad: la actuacion internacional en la Guerra Civil Española


“(…) La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti”.  

                                                             John Donne


Desde los viajes de Marco Polo y la comprobación esférica de la Tierra por Magallanes, nuestro planeta es un estrecho círculo de límites comprobables y relaciones irrenunciables entre cada palmo de tierra. Nadie en ningún lugar es ajeno a lo que pasa al otro lado del mundo, por lo cual la neutralidad es de hecho una de las más grandes falacias de la humanidad, y aún menos en la Historia Contemporánea donde las fronteras de los países solo se definen por los intereses nacionales, y cada conflicto bélico amenaza con desequilibrar la volátil estructura con la cual el mundo mantiene cada minuto la marcha de los acontecimientos, que si bien se explican por una causalidad histórica, puede un solo hecho cambiar el camino previsto.

Especial interés puso el mundo en la Guerra Civil Española, la cual según la semántica del nombre se limita solo a intereses de los habitantes ibéricos, pero de eso nada. Las contradicciones de Europa en la década del triente del siglo XX, no permitían mirar tranquilamente cambios económicos, sociales o políticos en ningún territorio sin tomar partido a favor o en contra, aunque diplomáticamente contentaran las apariencias con acuerdos de neutralidad, y los que aplicaron esta disposición de neutralidad fue por el desconcertante padecimiento de indecisión.

Alzamiento militar

En febrero de 1936, el Frente Popular se situó en la presidencia del gobierno español por victoria en las urnas. Dicha agrupación estaba integrada, principalmente, por dos bloques políticos, el primero por el partido Izquierda Republicana, que defendía los intereses de la mediana burguesía, y el segundo bloque por los izquierdistas Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), Partido Comunista Español (PCE) ,entre otros de carácter sindicalista, quienes respondían a la clase trabajadora. Si bien, la agrupación representaba un elemento de freno al avance de los grupos reaccionarios, monárquicos y fascistas, no mantenían una proyección de futuro común, ni compartían las mismas ideas de instauración gubernamental.

El gobierno republicano recién constituido decretó la amnistía de los presos políticos de la dictadura de José Antonio Primo de Rivera, y medidas de reforma agraria que provocaron el descontrol en las regiones de Extremadura y Andalucía, donde los jornaleros agrícolas tomaron sin aprobación del gobierno las tierras de los latifundios. Las autonomías de Cataluña y el País Vasco se volvieron a reconocer, mientras los principales generales del ejército, entre ellos Francisco Franco, jefe del Estado Mayor Central, fueron enviados a misiones en África para alejar los posibles actores de la reacción.

La situación en el país empeoraba con el aumento de la violencia incitada por las milicias de los partidos perdedores, como los falangistas y la Comunión Tradicionalista. Ante la desunión de todos los grupos políticos, los generales desplazados al continente africano, tenían un centralizado y efectivo medio para hacerse con el poder, el ejército.

En julio, comenzaron en varios lugares los alzamientos militares, de los cuales fallaron el de Barcelona, Madrid y Oviedo.  España quedó dividida en dos, por una parte la de los sublevados que contaban con extensos territorios agrícolas y de yacimientos minerales, y la de los republicanos con la mayor parte de la población, importantes zonas industriales, el Banco de España, y además aunque de poco sirvió, la legitimidad política del gobierno. Al inicio, parecería que el bando republicano contaba con las mayores posibilidades de ganar, por lo que es de considerar como fundamental la actuación internacional en el conflicto.

Muere la República. ¡A salvarla!

Durante los cuatro años que duró la guerra civil, llegaron de todas partes del mundo alrededor de 35 mil hombres para luchar por el bando republicano. Estos hombres hicieron de la causa republicana una misión universal por la cual luchaban sin ningún interés personal, solo el de preservar los ideales en los cuales creían, la democracia y la libertad. Estos fueron agrupados en las Brigadas Internacionales, la mayoría de sus integrantes sin experiencia militar, salvo algunos que habían participado en la Primera Guerra Mundial.

Los soldados de las Brigadas Internacionales no tenían una organización unificada, los grupos se formaban de acuerdo al lugar de origen y al llegar a España, muchas veces de forma clandestina, se alistaban en el ejército republicano, recibían instrucciones militares y pasaban a ocupar los primeros puestos en las trincheras.

Estos hombres, héroes de la lucha universal por la libertad, asumieron el rigor de la guerra casi desde los primeros momentos, pues sirvieron a la República en la derrota propinada a los franquistas en la defensa de Madrid, en el temprano mes de noviembre de 1936. El apoyo de las brigadas continuó hasta 1938, cuando se retiraron de una guerra ya perdida.

La disposición de retirada de las brigadas fue coordinada por la Sociedad de Naciones, principalmente por Inglaterra y Francia, quienes desde el comienzo de la guerra trataron de promover la no interferencia de las potencias europeas en el conflicto. Pero el análisis de las posiciones gubernamentales extranjeras con respecto a la guerra, requiere de un contrapunteo más frío que el de las impetuosas brigadas internacionales.

 

 

 

El águila negra del fascismo

En el inicio del alzamiento militar, el general Emilio Mola, en un comienzo al frente de las tropas nacionales, envió al marqués Juan Ignacio Luca de Tena en misión especial por varios países de Europa para establecer canales de ayuda para el sublevado bando militar. En esta búsqueda aparecería uno de los gobiernos que más favorecería a los nacionales en la guerra, Italia, con Benito Mussolini, quien aceptó enviar armas y soldados a los frentes españoles; según los cálculos más de 78 mil italianos fueron enviados, con preparación militar y fuerte equipamiento técnico.

Pero, precisamente el general Francisco Franco, jefe absoluto a los dos meses del alzamiento y posterior dictador de España hasta su muerte en 1975, fue quién consiguió afianzar las relaciones con las dos principales facciones fascistas del continente, Italia y Alemania. Franco desde la zona africana, solicitó ayuda a Hitler, y el 28 de agosto de 1936 aterrizaban en Marruecos, veinte aviones alemanes conocidos con “junkers”, así comenzaba la decisiva ayuda con la que contarían los franquistas.

El apoyo bélico alemán al bando nacional fue de alrededor 600 aviones y más de 19 mil soldados. La legión Cóndor, grupo de aviación, fue famosa por los incesantes bombardeos que ocasionaron la muerte de miles de personas y la destrucción de ciudades.

La ayuda fascista no se consiguió por las dotes diplomáticas de Franco, sino porque ambos se beneficiaban mutuamente. Los factores favorables pudieron ser múltiples, entre ellos se contempla que ante el triunfo de la república, varios partidos políticos españoles habían adoptada posiciones marxistas y comunistas, por lo que el gobierno español podría aliarse a la Unión Soviética y fortalecer el prestigio de la misma. Además, de vencer Franco, los alemanes tendrían en la península Ibérica un aliado importante para la futura guerra que se preparaba, lo que en efecto fue, tanto el inicio de la Segunda Guerra Mundial, como la neutralidad favorable del caudillo hacia el nazismo, principalmente condicionada por el grave endeudamiento económico con Alemania, lo que conllevó a proveer materias primas al eje fascista y hasta el envío de tropas españolas a pelear en territorio soviético.    

“Neutralidad”

El gobierno republicano apenas comenzaba la guerra envió a Francia una petición para comprar armas y pagarlas con el oro español. El gobierno francés de León Blum, electo por una coalición partidista de frente popular, aceptó la venta del equipamiento bélico, aunque varios sectores conservadores no vieron con buenos ojos la decisión.

A unos kilómetros al norte, el gobierno de Inglaterra se debatía entre dos temores, el primero era la preocupación por el peligro que supondría el triunfo republicano y la pérdida de sus intereses económicos monopólicos, además del miedo comunista, y el segundo la expansión del eje fascista de triunfar Franco, pues, bien sabían los diplomáticos ingleses que Alemania e Italia ayudaban a los sublevados. El primer factor tuvo más peso en el balance político, y comenzaron a maniobrar para impedir la ayuda francesa al bando republicano.

En agosto de 1936 se presentó ante la Sociedad de Naciones el proyecto de No Intervención, el cual fue firmado por la mayoría de los países de Europa, incluida Alemania e Italia. Por lo tanto, Francia negó las armas a los republicanos, mientras el eje fascista continuaba enviando aviones, fusiles y soldados, con el apoyo benevolente de la ceguera consciente del resto de las naciones, la cual llegó hasta tal punto que aceptó como Hitler y Mussolini reconocían públicamente en la temprana fecha de noviembre de 1936, la legitimidad del gobierno franquista.   

Este hecho demuestra hasta donde llegó la pasividad de las naciones europeas frente al avance fascista, y cómo dejaron caer el gobierno legítimo español solo para defender sus intereses económicos y para ganar un poco más de tiempo en una guerra que asomaba sus chispeantes y grotescas fauces.  

Los Estados Unidos de América no firmaron el pacto de No Intervención, pero establecieron la neutralidad como carta diplomática internacional, negando así las relaciones comerciales de sus empresas con el bando republicano y acrecentando el cerco de aislamiento. Pero, el análisis de los acontecimientos demostró que la neutralidad era una farsa, pues el gobierno norteamericano aprobó que la empresa Texaco Company vendiera petróleo a las tropas franquistas. Los envíos comerciales llegaban a través de la frontera portuguesa, en manos del gobierno dictatorial de Antonio de Oliveira Salazar.

La actitud del gobierno norteamericano contrastó fuertemente con los voluntarios estadounidenses de las Brigadas Internacionales, alrededor de dos mil, quienes no se declararon neutrales y atravesaron el océano para combatir contra lo que ellos asumían como injusticia y afrenta a la libertad.

El Vaticano fue otro de los actores diplomáticos que apoyó desde la falsa neutralidad a la facción sublevada, pues dado el carácter laico y, según la propaganda, comunista de la república, las ideas de Franco de instaurar la Iglesia Católica en un lugar cimero del gobierno español eran sumamente atractivas para los clérigos en Roma, los cuales querían conservar como en otras épocas, al baluarte del catolicismo europeo.

Las tinieblas de la ayuda soviética

El gobierno de frente popular recién constituido en febrero de 1936, no mantenía muy afines relaciones con las premisas ideológicas de la Unión Soviética, pero después de comenzada la guerra civil y ante la negativa de ayuda de las potencias europeas, solo la URSS y la nación mexicana apoyaron al bando republicano, además de las Brigadas Internacionales.

 

La Unión Soviética había firmado el pacto de No Intervención, por lo que sus movimiento militares de apoyo fueron lo más sigilosos posibles. Stalin, al frente del gigante rojo del este, pretendía iniciar un acercamiento a las potencias llamadas democráticas de Europa occidental para frenar el avance fascista, pero al mismo tiempo no quería atacar directamente al eje Roma-Berlín-Tokio.

 

La documentación sobre la intervención soviética en el conflicto es escasa y terriblemente fraccionada, pues además de que los investigadores occidentales no reconocieron material solo después de la caída del comunismo en la década del noventa y por poco tiempo debido al nacionalismo del actual presidente ruso Vladimir Putin, quien impidió miradas curiosas en el pasado de su nación, las tropas soviéticas llegaban a España con documentos falsos, y actuaban en territorio Ibérico como sombras, debido al impedimento del idioma, y los desconocidos objetivos reales de las misiones de sus agentes.  

 

Según la publicación póstuma del libro de Walter Krivitsky, jefe del Servicio Secreto Militar Soviético en la Europa Occidental de los años 30, “la historia de la intervención soviética sigue constituyendo el misterio más trascendental de la Guerra Civil Española. El mundo sabe que hubo Intervención y eso es todo lo que se sabe...”.

 

El apoyo soviético a la causa republicana fue más bien mínimo si se compara con la asistencia de Alemania e Italia al mando franquista. Menos de 400 rusos estuvieron simultáneamente en España, y en total se calcula durante la guerra no más de cinco mil hombres. Los principales frentes de ayuda, fue en  asesoramiento técnico, varios aviones, así como otro tipo de armas. Todo el equipamiento se pagó con oro del Banco de España. 

 

Varios testimonios de españoles declaran una injerencia excesiva de los agentes soviéticos, los cuales querían establecer una unificación en el frente republicano, pero solo bajo su mando. El aumento de la participación del Partido Comunista Español, dirigido principalmente por los actores soviéticos, supuso una prueba utilizada por los seguidores de las organizaciones políticas como el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), quienes acusaron a los rojos de asesinar a su líder político Andreu Nin.

 

La desunión en el frente republicano fue uno de los principales factores que condicionó la guerra, al contrario del lado nacionalista, en el cual Franco fusionó los dos principales partidos políticos en uno solo, y estableció una junta directiva en la ciudad de Burgos.

 

Adentrarse en la participación soviética en la guerra civil supone caminar sobre un terreno cenagoso, el cual solo podría ser satisfactorio con una mirada más amplia y calmada, y con un examen más profundo que el que me propongo en el presente artículo.

 

Lo cierto es que las tropas soviéticas fueron las únicas que prestaron ayuda al bando republicano, aunque si bien fue pagada la ayuda, fue de gran importancia dado la neutralidad favorable de las potencias occidentales al fascismo y a Franco. También es destacable, que la URSS formó varias Brigadas Internacionales en su propio territorio.

 

En 1937, inicia la guerra chino-japonesa y ya el gobierno de Stalin siente la amenaza fascista a las puertas de su país, por lo que redujo considerablemente su apoyo a la causa española, y selló su adhesión al grupo de los países europeos que observaban el avance fascista sin mover dedo, firmando en agosto de 1939 el pacto de No Agresión con la Alemania nazi.

 

Las campanas doblan por todos

 

En marzo de 1939 caían las ciudades de Madrid, Valencia y Alicante en manos de las tropas nacionalistas, y así quedaba definitivamente terminada la Guerra Civil Española;  un mes antes, en febrero, Francia e Inglaterra reconocieron la legitimidad del gobierno de Francisco Franco, ante una guerra casi acabada era mejor quedar bien con el futuro vencedor, al cual siempre favorecieron con su falsa neutralidad.

 

La República española estaba terminada, de poco sirvió la sangre de tantos hombres que pelearon por mantener los ideales de libertad, al final la mayoría de los gobiernos extranjeros dispusieron de qué modo acabaría la guerra, para satisfacción de sus propios intereses.

 

Pero, en septiembre de ese mismo año, Hitler atacaba Polonia, comenzando la Segunda Guerra Mundial. Los mismos aviones que bombardearon Guernica y otras ciudades españolas, bombardearon, entonces, las ciudades francesas e inglesas, los tanques “panzer” alemanes cruzaron el rio Volga y arrasaron San Petersburgo, otrora Stalingrado, y la aviación japonesa irrumpió en las bases militares estadounidenses del Pacífico. Comenzó uno de los capítulos más sangrientos de la historia de la humanidad, principalmente por la neutralidad de los gobiernos, mientras sus pueblos reconocían al fascismo como una amenaza a la libertad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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