jueves, 21 de junio de 2012

Mi primera entrevista

Creo que todo joven estudiante de Periodismo tiene una buena historia que contar de su primera entrevista. Yo también tengo la mía, y más de un dolor de cabeza me dio. Al principio no sabía quien pudiera ser ese personaje que me valiera para un buen trabajo. Pensé en nombres tan resonantes como Leonardo Padura, vecino mío del barrio de Mantilla, pero la idea se hizo añicos cuando otra compañera se adelantó. No lo negaré, sentí una gran decepción, pues en mi garganta seca quedaron las interrogantes que había destinado para descifrar el mundo interno del conocido escritor. Sin más desaliento continué buscando a mi primer entrevistado.

Corredor de la voluntad

 Alexander García asiste en sus tiempos libres a entrenar en la Ciudad Deportiva.

Por Hitchman Powell

“Le he dado a la vida muchas galletas sin manos, y aunque me digan que no puedo hacer algo, lo hago”, me dijo a boca de jarro apenas comenzó la conversación.
   Alexander García Sánchez fue el primero de los dos en venir al mundo de un embarazo de gemelos, en el año 1974. Desde pequeño, tuvo que mostrar sus garras de luchador porque los doctores le daban pocas probabilidades de vida: “Nací a los ocho meses, pesaba solo dos libras y tenía el cordón umbilical enredado en la pierna derecha, la cual me amputaron al tercer día de nacido. Sobrevivir a la operación se consideró un milagro en aquel entonces”. 

La liberación del espíritu






Me pareció estupenda la idea de tener un momento de relajación en un mundo tan convulso y agitado como el que vivimos. Encontrar un espacio para meditar, liberarse de los problemas, llenar de blanco la mente, y enfrentar la vida desde una perspectiva optimista es sin dudas un excelente medio para evitar o al menos apaciguar, el estrés diario.
“No  lo considero una religión, solo es una excusa”, así me respondió Manuel,  el organizador y promotor de un grupo practicante de la sabiduría maya, ante mi pregunta de cuál era el carácter de sus creencias.
Los participantes son personas comunes, obreros, amas de casa, profesionales. El grupo es heterogéneo y nadie tiene la  obligación de asistir a todos los encuentros, la espontaneidad y la libre autodeterminación son elementos cardinales en el colectivo.
La sabiduría maya indica al hombre como encontrar la armonía con su interior y el entorno, cómo descubrir el misterio de los elementos naturales, la determinación del destino.
El intercambio de experiencias, el apoyo mutuo, la paz espiritual, el sosiego, la claridad, el silencio, la armonía, es lo que esas personas encuentran en cada cita.
No tienen sitio fijo, no son una institución animada por el lucro,  ni un grupo reglamentado, solo son individuos que intentan dar a sus vidas un refugio, un sentido trascendente a su existencia. Muchos verán con ojos extrañados el actuar de esas personas, pero si conocen un poco de su filosofía de seguro aceptarían la idea de también liberar su espíritu.