Me pareció estupenda la idea de tener un momento de
relajación en un mundo tan convulso y agitado como el que vivimos. Encontrar un
espacio para meditar, liberarse de los problemas, llenar de blanco la mente, y
enfrentar la vida desde una perspectiva optimista es sin dudas un excelente
medio para evitar o al menos apaciguar, el estrés diario.
“No lo
considero una religión, solo es una excusa”, así me respondió Manuel, el organizador y promotor de un grupo practicante
de la sabiduría maya, ante mi pregunta de cuál era el carácter de sus creencias.
Los participantes son personas comunes, obreros, amas
de casa, profesionales. El grupo es heterogéneo y nadie tiene la obligación de asistir a todos los encuentros,
la espontaneidad y la libre autodeterminación son elementos cardinales en el
colectivo.
La sabiduría maya indica al hombre como encontrar la
armonía con su interior y el entorno, cómo descubrir el misterio de los
elementos naturales, la determinación del destino.
El intercambio de experiencias, el apoyo mutuo, la paz
espiritual, el sosiego, la claridad, el silencio, la armonía, es lo que esas
personas encuentran en cada cita.
No tienen sitio fijo, no son una institución animada
por el lucro, ni un grupo reglamentado,
solo son individuos que intentan dar a sus vidas un refugio, un sentido trascendente
a su existencia. Muchos verán con ojos extrañados el actuar de esas personas,
pero si conocen un poco de su filosofía de seguro aceptarían la idea de también
liberar su espíritu.
No hay comentarios:
Publicar un comentario