jueves, 21 de junio de 2012

La liberación del espíritu






Me pareció estupenda la idea de tener un momento de relajación en un mundo tan convulso y agitado como el que vivimos. Encontrar un espacio para meditar, liberarse de los problemas, llenar de blanco la mente, y enfrentar la vida desde una perspectiva optimista es sin dudas un excelente medio para evitar o al menos apaciguar, el estrés diario.
“No  lo considero una religión, solo es una excusa”, así me respondió Manuel,  el organizador y promotor de un grupo practicante de la sabiduría maya, ante mi pregunta de cuál era el carácter de sus creencias.
Los participantes son personas comunes, obreros, amas de casa, profesionales. El grupo es heterogéneo y nadie tiene la  obligación de asistir a todos los encuentros, la espontaneidad y la libre autodeterminación son elementos cardinales en el colectivo.
La sabiduría maya indica al hombre como encontrar la armonía con su interior y el entorno, cómo descubrir el misterio de los elementos naturales, la determinación del destino.
El intercambio de experiencias, el apoyo mutuo, la paz espiritual, el sosiego, la claridad, el silencio, la armonía, es lo que esas personas encuentran en cada cita.
No tienen sitio fijo, no son una institución animada por el lucro,  ni un grupo reglamentado, solo son individuos que intentan dar a sus vidas un refugio, un sentido trascendente a su existencia. Muchos verán con ojos extrañados el actuar de esas personas, pero si conocen un poco de su filosofía de seguro aceptarían la idea de también liberar su espíritu.

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