jueves, 24 de mayo de 2012

El festin de la ironia







 El inspector fuerza las puertas para que cierren. “Apriétense”, indica empujando a la masa humana que no ha logrado entrar en el vehículo. El ómnibus arranca,  por las calles de la capital traslada a cientos de personas, quienes como sacos de harina se apilan ante la necesidad de llegar a su destino y no contar con otra solución. El calor es asfixiante, el sudor corre por todo el cuerpo, desaparecen los modales y la educación; al  menos te has logrado montar, otros esperarán horas para, por fin, apilarse  y ser transportados.  
Ese es el panorama diario de quienes dependen del servicio público para cumplir con la puntualidad en el trabajo o en la escuela, de quienes necesitan recrearse y los lugares de ocio les resultan lejanos, de quienes van a un hospital.
La ironía de la vida parece nunca dejar de sorprender y enseñar. Ese día me pareció extraño que aquel hombre disparara miradas irritada a quien rozara su piel o redujera la distancia; mi sobresalto tal vez no fuera tanto si me encontrase en un lugar espacioso, pero en una guagua con quien sabe cuántas personas dentro, donde respirar es a veces un reto, y sobre todo, no creo que nadie se le acercara a propósito.  
Aquel hombre, según mis cálculos de más de sesenta años, de calvicie sacerdotal y frente amplia, miraba por la ventana del ómnibus con rostro enfadado. Usaba una camisa y un pantalón bastante viejos y sucios, llenos de manchas de comida seca, que expedía un olor pestilente. Sus uñas eran largas y  negras, parecían de madera. Llevaba una bolsa de nailon descosida en su hombro.
Mi curiosidad aumentaba con cada reacción, sin dudas al anciano le daba asco la situación en que se encontraba. Cuando yo tosía, a pesar de cubrirme la boca, él comenzaba a batir las manos frente a su cara  y la expresión de su rostro se volvía más enojada.
Su estado empeoró al aumentar el número de pasajeros y llegar a convertirse en una masa homogénea y sudorosa. Él no paraba de mirar a todos lados, asustado, irritado, inconforme con su estado. Con voz seca me indicó que me apartara y entre la gente se dirigió hacia la puerta y en la siguiente parada se bajó. 
La naturaleza humana es extraña, tan desconocida como el cosmos. Ese hombre posiblemente era un viejo solitario, enajenado de la sociedad, quien viviría en una casa descuidada, rodeado de animales. De esas personas que andan por la calle buscando cosas en la basura. La mugre en sus atuendos confirmaba su pobreza y desamparo. Pero él no podía comprender como la gente se apretujaba, se empujaba y profería obscenidades e insultos. Él no podía permanecer en la guagua pues su condición humana se lo impedía, él no se consideraba un saco de harina. 

jueves, 17 de mayo de 2012

Nombres olvidados por la historia


´´Honrar, honra´´

POR A. MADORRAN

Hoy es un anciano destinado a contemplar los días en un sillón, pero en otro tiempo formó parte de un grupo de jóvenes que enfrentaron a una sangrienta dictadura.
El Hogar de Veteranos del municipio 10 de Octubre es su actual residencia. Entre las paredes grises del lugar comparte sus días con varios ancianos, quienes gustan contar las historias de tiempos pasados, cuando protagonizaron las luchas de nuestro pueblo por su liberación. La memoria le falla a veces, pero los nombres no se borran de su mente. Vive la nostalgia  de su juventud y siempre espera la visita de antiguos amigos.

La necesidad es la madre de la innovacion


Trabajador cubano diseña máquina capaz de eliminar obstrucciones hidrosanitarias en centro médico.
Por A. Madorran
Un compresor de aire, construido con equipos en desuso, fue creado por un trabajador de mantenimiento del hospital docente Julio Trigo López, en el capitalino municipio de Arroyo Naranjo, para frenar el deterioro de las redes hidrosanitarias de la edificación.
 Las constantes tupiciones afectan las instalaciones eléctricas y telefónicas, causan molestias a los pacientes y trabajadores, y además, dañan la estructura del inmueble. Aguas Negras es la entidad encargada de sanear las vías de desagüe, pero no mantiene regularidad en el servicio, comentó Renzo Emigdio Guerra, autor de la innovación. 
 ´´Retomé la idea de crear un equipo capaz de remover las obstrucciones en las tuberías. Un compresor descontinuado del antiguo sistema de clima del departamento de Rayos-X lo adaptamos para comprimir aire, instalamos ruedas al artefacto y mediante los trabajadores de la Empresa de Alcantarillados, obtuve una manguera de alta presión´´, explicó Renzo. 
 ´´Con este trabajo ahorramos al centro entre 100 y 400 pesos en moneda nacional, en cada servicio que presta la empresa de Aguas Negras´´, enuncia el documento presentado en el evento de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), efectuado en la institución y donde el compresor neumático obtuvo el primer premio.
 ´´ Es admirable el esfuerzo, pero se continúa acudiendo a Aguas Negras. Por ejemplo el servicio de esta empresa el once de octubre en el área de lavandería, costó 857 pesos. Lo ideal sería que el desagüe del edificio funcionara bien´´, afirmó Luisa del Carmen Rivera, especialista principal de contabilidad. 
 La situación higiénica mejoró con el empleo del nuevo equipo. Ahora podemos eliminar con mayor rapidez las tupiciones, sobre todo, en los lugares poco accesibles para el camión de aguas albañales, sin embargo, el problema no se resolvió, continúa el deterioro de las tuberías, pues son viejas y se tupen con facilidad, argumentó Mercedes Menas, secretaria del departamento de mantenimiento.

Entrevista con el innovador


´´El deseo innato de crear´´

Electricista construye artefactos para beneficio de la población

Por  A. Madorrán

El lugar está amueblado con su ingenio. La silla delante de la pizarra eléctrica, donde maneja los circuitos del local. Una cama plegable, que para ahorrar espacio se acomoda contra la pared. Un aire acondicionado, abandonado desde hace algún tiempo, retomó utilidad como ventilador, para apaciguar el calor en las noches de guardia. Un montón de trozos de metal y piezas de equipos viejos apilados en un rincón.
Esa es la oficina de Renzo Emigdio Guerra, electricista de mantenimiento del hospital Julio Trigo López, de Arroyo Naranjo. Ganador, a nivel provincial, del concurso de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), con el compresor neumático, hecho por él, para sanear las tupiciones hidrosanitarias en el centro médico. Su esfuerzo no quedó allí, ahora se propone construir una grúa mecánica.
´´Cuando tenemos que cargar algún equipo pesado, resulta muy difícil y lento transportarlo, además, se reciente nuestra salud. Siempre he tenido la idea de solucionar ese problema. El artefacto aún no lo he terminado porque el horario laboral me imposibilita dedicarle el tiempo necesario. En estos días estoy trabajando 24 horas y descanso 72. Pero, cuando pueda, retomaré su construcción.´´

¿Que lo motiva a realizar esos proyectos?

-La ANIR invita quienes quieran mejorar o aprovechar equipos en desuso, a integrarse en sus filas y presentar innovaciones. En lo personal, me motiva cualquier desperfecto existente en la institución, la necesidad de arreglar las cosas para mejorar el servicio a las personas, el deseo innato de crear.

¿Cuenta con la disponibilidad material para realizar las innovaciones?

-En realidad, los materiales salen de la fantasía que uno pueda tener para encontrar piezas en desuso y volver a utilizarlas. Los componentes no están a disposición, como en un almacén, ni el presupuesto del hospital cubre estos gastos. Utilizo mayormente elementos desechados.

Renzo Emigdio es graduado de Técnico medio en mantenimiento eléctrico, pero gran parte de sus trabajos demandan conocimientos que van más allá de las labores de un electricista.

´´El innovador debe tener cierta fantasía o habilidad para algunos oficios aunque no los haya estudiado. Tengo relativa destreza para entender el funcionamiento de las máquinas, aunque no lo aprendí en la escuela. Puedo leer libros o ver documentales y entiendo la explicación de otra persona que sí sea especialista, capto la idea y luego la ejecuto en mi faena, aunque no sea un trabajo eléctrico. También puedo recurrir a la ayuda de mecánicos o carpinteros para hacer lo que tengo en mente.´´

¿Por qué no continuó los estudios superiores?

-Cuando acabé el tecnológico ya tenía hijos. Yo empecé temprano. Terminé la escuela y comencé a trabajar. Hubiera querido ser científico, pero estudias o mantienes la familia, no es fácil lograrlo todo a la vez.

¿Cómo es la retribución por su labor?

-Es relativo, hay mecanismos que el hospital no puede violar, aunque yo no los entienda. Muchas veces no es como uno quisiera, pero trabajo no por lo que me vayan a dar, sino por amor, por el prójimo. Puedo crear algo para las personas y veo el fruto cuando lo utilizan. Muchas veces pasa así, no siempre espero una retribución, aunque debería haber.

¿Le interesaría trabajar en algún polo científico u otro centro donde pueda explotar más sus habilidades? 

-Sí, incluso, cuando fui premiado por la ANIR en la provincia, conocí que la organización es grandísima, están integrados muchos centros laborales y hay gente muy competente: ingenieros, científicos, médicos, quienes le ahorran al país gran cantidad de dinero .Vi que ,en verdad, se hacen cosas útiles. Me gustaría trabajar fuera del hospital, relacionarme con esas personas, para adquirir conocimientos y ellos, a su vez, escuchen mis ideas. Cada quien ha de ser útil a la sociedad, de un modo u otro.